Suena “Friday, I am in love”. Estoy visualizando a Raquel bailando como cuando en el acta provisional sale un APROBADO (5). Estoy en una litera tumbada con Bea dormida al lado. Menudo emotional breakdown, siendo sincera. Mierda, mañana nos vamos de aquí. La despedida es inminente, tienes que dejar de procrastinar el pensar que te vas.
Aprovecho para escribir. Me voy en 30 putos días. No hay vuelta atrás, te vas a vivir sola a otra ciudad un año.
Supongo que tener miedo es normal. Se me pasan cien mil preguntas sin resolver, dudas y miedos por la cabeza. Supongo que lo de ser una persona que necesita tener todo bajo control ahora no funciona. Supongo que seguir haciendo como que queda mucho para irme, tampoco. Y empezar a echar de menos, empieza a ser real.
Las primeras despedidas ya han ocurrido. Joder, qué raro. Ni siquiera me he ido y ya sé y siento que voy a echar de menos a Raquel diciendo “ajco” o “cojquillas”, a Laura abrazándome al entrar a clase, a Bea diciéndome “UwU” y su manita, la sonrisa de Paula, Brando hablando de sus innovaciones culinarias o las tardes tiradas hablando de absolutamente todo con Maite. Echo de menos a María exagerando, la coalición hater entre Ana y yo, la sensibilidad de Marina, las pijamadas con Bea, las tardes viendo a Trisha Paytas con Carlos, la chulería de María o los abrazos de Natalia. Despertarme y ver a Chispa. Regar mis plantas. A mi padre sentado jugando a la tablet. A mi madre siendo el ser de luz que es. Los snapchats (o spapcha) con Lupita. Las tardes con Marco y las anécdotas de la Tía. A Susi diciéndome “Osi, relájate” cada vez que la lío al salir, a Kike lanzándome corazones coreanos y a Ainho poniéndome ojos de loca y luego abrazándome. A Hector contándome movidas de conductor de autobús. Las cerves de la Troika con Jota y Laura. Las actualizaciones con Laura y Cande. Las pintadas de los baños de Somosaguas. A Eli y sus clases de piano. Al guacamole de Mercadona (en serio, ¿qué voy a hacer?).
Voy a echar de menos Somosaguas. Las noches yendo al garito cutre a hacer pis (y que en verdad espero que cierre porque me recuerda a “ya sabéis quién”). Voy a echar de menos las tardes actualizándonos, los planes aleatorios, y sus caritas. Voy a echar de menos los abrazos de mis hermanos, ir en coche con Kike por la noche mientras me pone temazos e ir al gimnasio con Ainho.
Ahora 30 días se ven escasos para terminar de despedirme e irme.
Pero sobre todo, tengo miedos. No hace ni un año desde que me costaba salir de la cama de los ataques de ansiedad que tenía, no podía comer y dormía 2 horas como mucho cada noche. Sin mis amiwis y familia, no podría haber salido de ahí. E inevitablemente me pregunto, ¿y si me pasa? ¿Cómo voy a salir sola? ¿Y si no encajo ahí? Y si me pasa lo de Halloween, ¿quién me va a recoger inconsciente? ¿Cómo sabrá el agua de ahí? Y si me rompen el cora, ¿quién me va a recoger de la parada de bus o quién me va a acariciar el pelo hasta que me relaje? ¿Qué va a pasar con el único chico que me ha tratado bien en bastante tiempo y con el que ando a medias (y el miedo a hablar de qué siento)? ¿Y si me pierdo algo importante? ¿Y si, y si, y si?
En fin. Que yo que sé. Por otra parte creo que he progresado mucho a nivel de gestión emocional, de la ansiedad y de confiar (que básicamente he empezado a hacerlo). Pero sigo siendo un saco de miedos con cara de haber mordido cinco limones y de querer rajarte entera cuando en verdas por dentro soy un bebé. En fin. Que ganas mil, pero miedos también.
Me encantaria tener la tranquilidad de que todo va a ir bien. Pero de momento, me desahogo por aquí. Iremos informando
No hay comentarios:
Publicar un comentario